La biblioteca alberga algunos de los manuscritos más importantes de la historia y para conservarlos en buen estado ha empleado una técnica desde hace más de un siglo
Entre las bibliotecas más peculiares en el mundo, destaca la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos, cuyo nombre ya dice mucho sobre ella, pero otra de las razones por las que destaca es porque congela sus libros a 36 grados bajo cero.
Este recinto es una de las colecciones de manuscritos raros con mayor importancia en el mundo y es famosa por su arquitectura: una fachada de mármol traslúcido, pero también por su inusual, pero muy llamativa torre de libros de cristal que guarda en su interior y que es lo primero que captura la mirada de quienes cruzan sus puertas.
La biblioteca pertenece a la Universidad de Yale y está situada en New Haven (Connecticut). Sin duda alguna sobresale por la cantidad de ejemplares que alberga, considerados muchos de ellos “tesoros” como el Manuscrito Voynich.
Fue construida entre 1960 y 1963 siguiendo el diseño de Gordon Bunshaft con un fachada que destacara por la ausencia de ventanas, en granito y mármol traslúcido inscrito en una cuadrícula de hormigón, la cual permite la entrada de la luz solar, pero de manera sumamente tenue, la ideal para conservar los libros en buen estado.
Por las noches, el mármol permite transmitir la luz del interior, lo que produce un efecto ámbar resplandeciente. A esto se suma la apariencia que da el edificio de estar flotando, pues únicamente lo sostienen sus cuatro extremos. A simple vista engaña al ojo, pues tiene una altura de seis pisos, pero continúa bajo tierra hasta una profundidad de 15 metros.
En cuanto a seguridad concierne, cuenta con un sistema anti-incendios que libera una combinación de Halon 1301 e Inergen, gases supresores del fuego que reducen el nivel de oxígeno, pero que aun con eso permiten sobrevivir a las personas atrapadas en su interior, aunque cabe resaltar que la exposición a éstos daña el sistema nervioso.
¿Por qué congelan los libros a 36 grados bajo cero?
El cuidado de los libros en esta biblioteca va a otro nivel y esto se puede evidenciar en la vitrinas que contienen los ejemplares más valiosos, las cuales están cerradas herméticamente al vacío para poder drenar y prevenir que las obras se deterioren.
Aunque esto resulta efectivo para una gran cantidad de libros, para otros no tanto, sobre todo aquellos que ya están maltratados. Ello remite a 1977, año en el que una plaga de escarabajo del reloj de la muerte (Xestobium rufovillosum) se propagó desde uno de los ejemplares que recién había sido adquirido y que amenazó con destruir una buena parte de la colección.
El problema radicó en que las larvas de este coleóptero son xilófagas, es decir, que comen madera y papel, por lo mismo son consideradas una de las peores carcomas que puede sufrir una construcción hecha a base de estos materiales o, en su caso, una biblioteca.
Sin embargo, debido al sistema de almacenado hermético fue imposible emplear insecticidas, orillando a los encargados de la institución a recurrir al entomólogo Charles Remington, quien les recomendó envolver todos los libros en plástico y posteriormente congelarlos a 36 centígrados bajo cero durante tres días.
Fue el método acertado, aunque poder llevarlo a cabo con todos les llevó más de dos años. Por esta razón, la biblioteca emplea la misma técnica con todas las nuevas adquisiciones. Todo libro que atraviesa las puertas de la Beinecke para integrarse a su colección es congelado durante tres días antes de pasar con el resto.
Fuente: El Sol de México

