En un partido cardíaco, la selección de Argentina le dio la vuelta al juego y se impuso 2-1 a Inglaterra, para así conseguir su pase a la Final del Mundial 2026 donde enfrentará a España.
Lo hicieron por las Malvinas, por el Diego, por la última de Leo… Y ahora Argentina está en la Final de la Copa del Mundo tras venir de atrás y derrotar 2-1 a Inglaterra.
Cuando se dice que el futbol es solo futbol, casi nunca lo es.
En el último respiro de un partido ante Inglaterra que a ratos fue tan físico como se había previsto, Argentina remontó un déficit de un gol de Anthony Gordon al 55 para darle al mundo la primera final hispanohablante en la historia del Mundial desde 1930, cuando Uruguay venció a Argentina 4-2 en el Estadio Centenario de Montevideo.
El partido en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta fue el escenario de una colisión de narrativas históricas.
El Mercedes-Benz Stadium fue el teatro de una función donde la memoria histórica pesó tanto como el mismo futbol en el césped.
El silbatazo inicial del estadounidense Ismail Elfath desató una catarsis colectiva. Mientras los altavoces reproducían los acordes de God Save the King, la afición sudamericana unificó su voz en un solo cántico: “el que no brinque es inglés”; solo para luego ser silenciados de inmediato con los abucheos británicos que asfixiaron el Himno Nacional Argentino.
La herida imperecedera de las Malvinas más presente que nunca.
El primer acto de la semifinal fue un régimen de asperezas y fricciones constantes. La fluidez brilló por su ausencia y, en cambio, fue eclipsada por 19 infracciones que en los primeros 45 minutos dictaron el compás del juego.
Ambos bandos priorizaron la destrucción sobre la inventiva y maniataron a figuras estelares como Jude Bellingham y el propio capitán albiceleste. Elliot Anderson y Lisandro Martínez se marcharon a los vestuarios con amonestaciones tempraneras.
El aletargamiento general se fracturó al segundo tiempo.
En el minuto 55, una transición vertiginosa comandada por Harry Kane y Morgan Rogers habilitó a Anthony Gordon, quien capitalizó la oportunidad para quebrar el cerco de Emiliano Martínez con un remate letal.
Con la ventaja a su favor, el estratega Thomas Tuchel abrazó la ortodoxia más conservadora. El timonel teutón retiró al autor del gol, ingresó a Ezri Konsa e instaló una inexpugnable muralla de hasta seis defensores.
Durante poco menos de media hora, los inventores del juego acariciaron la utopía de disputar la final del Mundial, un privilegio sistemáticamente negado durante seis décadas, desde aquel lejano 1966.
Ante el escenario adverso y con un último respiro la escuadra de Lionel Scaloni emergió con una furia irrefrenable
El asedio incesante sobre la portería de Jordan Pickford rindió sus frutos a los 85 minutos, instantes después de que Enzo Fernández descerrajara un impacto furibundo desde la medialuna para equilibrar la balanza. La estamina de los Three Lions claudicó estrepitosamente ante la presión asfixiante.
El epílogo aguardaba un giro digno de la prosa más dramática.
En el albor del tiempo de compensación, el genio rosarino extrajo un as bajo la manga.
El astro desarticuló la retaguardia por el flanco derecho y sirvió un pase inmaculado hacia el corazón del área. Lautaro Martínez se anticipó a su marca y remató testarazo incontestable para consumar la proeza en el ocaso del encuentro.
Por el legado de Diego Armando Maradona, por el orgullo nacional y por el último baile de su máxima figura, Argentina aseguró su boleto a la final del Mundial 2026.
Inglaterra tropezó nuevamente, víctima de su propio y excesivo pragmatismo.
Y ahora el futbol le ha regalado al mundo la primera final hispanohablante desde la casi centenaria 1930, cuando Uruguay venció 4-2 a Argentina en el Estadio Centenario de Montevideo.
Con el España contra Argentina a las puertas de la historia, es imperativo, por supuesto, regresar a 2007, cuando, capturado para un calendario benéfico, un imberbe Lionel posó junto a un bebé de nombre Lamine Yamal.
Ahora, ese niño que se erige como el estandarte absoluto de la Furia Roja cruzará su camino con el ídolo que lo acunó hace casi dos décadas.
Fuente: SI

